Hay que saludase!

miércoles, octubre 10, 2007

Catorce rimas, catorce...

¡¿QUERÉIS UN POEMAAAAAA?! Pues aquí tenéis catorce...

Catorce: mágica cifra
Muy importante para mí
Catorce años tardé en cumplir catorce.
Y hace ya catorce que los cumplí

El catorce me gusta tanto
Que he decidido escribir
Un humilde poemilla
Con el que os podáis divertir

El título del poema
Como habréis imaginado
Es "Catorce: esa gran cifra
que no aparece en los dados".

Contendrá catorce estrofas
Que así es como debe ser
Y en cuanto las tenga listas
Os las tendréis que leer

Es muy fácil componer
Una rima con catorce
Pues basta con encontrar
Palabras que acaben en "orce"

Con catorce rima borce
Y también cabelogorce
Que aunque no sean palabras
Riman porque me sale del ciporce

Si contamos esta estrofa
Ya he llegado a la mitad
Así que me quedan siete
Ni una menos ni una más.

No os creáis que me preocupa
El perder la inspiración
Pues yo de arte voy sobrado
Como se verá a continuación.

Catorce eran los apóstoles
Si decidimos contar
No una sino dos veces
A San Pedro y a San Juan

Catorce pelos tiene mi barba
Como decía la canción
Catorce más que los pelos
Que cubren mi cabezón

Yo, catorce años atrás
Vivía en el siglo pasado
Y aunque es duro reconocerlo
Todavía no había mojado

El catorce me gusta muchísimo
Espero que lo hayáis pillado
Porque en sólo un par de estrofas
Esto se habrá terminado

Como habréis visto, mis rimas
Son todas originales
Pues si hay algo que reboso
Es el talento a raudales

También suelo trabajar
La rima asonante absoluta
Que aunque rima un poco menos...
¡Queda más chula que qué!

He dicho!

jueves, octubre 04, 2007

A gritos

Tengo un problema. Un problema muy serio. No puedo evitar gritar. Continuamente. Es algo que me sale de dentro y que no puedo controlar. Cuando llamo a la gente, la llamo a voz en grito. Algo que es poco práctico porque lo que siempre ocurre es que todos los presentes se vuelven hacia mí (con caras de estupor, extrañeza, curiosidad y/o cabreo) y al final nunca logro localizar a la persona que busco.

Fui al médico para que me diagnosticase este mal que me asola pero no funcionó y acabó echándome a patadas de la consulta asegurando enfurecido y con el dedo en alto que no me iba a permitir ni a mí ni a nadie que le gritase a la cara y menos en su propia consulta.

De verdad que es un problema muy gordo. No sé qué hacer. He intentado dejar de hablar pero nada, es inútil. Además de gritar, este problema mío me produce una verborrea de órdago, así que no paro de hablar. Gritando, claro. Y así no hay quien haga nada: ni trabajar, ni dormir, ni nada. El único sitio en el que me siento a gusto son las discotecas porque como la música está a tope, todo el mundo está gritando, como yo, así que me siento integrado como uno más, como alguien normal. Además, entre que tengo verborrea, que soy bastante bailongo y que, la verdad sea dicha, no estoy nada mal (es de justicia reconocerlo), resulta que desde que tengo este problema ligo muchísimo más. Así que desde hace un tiempo la vida para mí es una juerga continua y me paso el día y la noche de discoteca en discoteca y de after en after... Vamos, que me he vuelto un juergas, la alegría de la huerta, el motor de la noche madrileña.

Lo malo es que, como decía, con este problema me es imposible encontrar un trabajo con el que ganar el dinerillo necesario para financiarme la juerga. Y es que a ningún entrevistador le gusta un candidato que desde el mismo momento en que coloca su culo en la silla se pone a gritarle como un energúmeno... Pero hace ya un tiempo que esto no me preocupa porque he encontrado un trabajo que parece hecho a mi medida (o más bien, a la medida de mi problema): trabajo de tertuliano en la tele, que es un trabajo en el que te pagan (y vaya si te pagan) simplemente por sentarte allí y gritar. Y si lo que gritas son insultos, mejor todavía. De hecho, cada tertuliano cuenta con tres contadores: uno mide el número de decibelios, otro el número de insultos emitidos y el otro el número de veces que has interrumpido a otro de los tertulianos-enemigos. Y vamos a comisión: cada decibelio se paga a 20 euros, cada interrupción a 50 y cada insulto a 75. ¡Un chollo, vaya!

Empecé como gritón en El Rondo de la 2, en el que la cosa consistía en gritar sobre fútbol (aunque comprobé que si gritabas sobre cualquier otra cosa, tampoco pasaba nada). Pero se ve que el programa no tuvo demasiado éxito (sospecho que el moreno insano del presentador tuvo algo que ver) así que lo quitaron de antena y a mí me echaron, no sin un buen fajo en el bolsillo. El paro, no obstante, me ha durado sólo 5 días. Ahora he cambiado de tercio y me he pasado al mundo rosa. Empiezo mañana en un nuevo programa en el que tengo que gritar e insultar a cualquier persona, con la única condición de que se trate de una persona a la que no conozca, de la que no sepa nada en absoluto y, sobre todo, que no me interese lo más mínimo. Me veo capaz de hacerlo, aunque por si acaso me he cogido unas clases particulares con Marta, de Gran Hermano, que es una auténtica señora. Lo mejor de todo es que voy a estar rodeado de macizas (varias de las cuales sospecho que tienen tiburón). Y encima pagan bien ¡Estoy encantado!

He dicho!

Vocablos bonitos y bonitos vocablos

Vamos a ver si nos aclaramos. Yo soy una persona que se mueve por impulsos, por retos. Mi último reto es encontrar la palabra más bonita del mundo. Y en ello estoy.

"¿Cómo se busca la palabra más bonita del mundo?", os preguntaréis. O, yendo un poco más allá, "¿Cómo se encuentra?". Pues me encuentro bien, gracias.

La palabra más bonita del mundo se busca, básicamente, preguntando. Como casi todo en este mundo, oiga. ¿Cómo va a ser si no? Y es que, si hay algo que he aprendido en esta vida, es que la manera más fácil de saber algo es que lo sepa otro y preguntarle.

Yo, en un principio, aposté firmemente por la palabra "cucurucho" que es una palabra que a mí de siempre me ha gustado muchísimo. Me vi obligado a descartarla, sin embargo, porque a mi novia no le gustaba. Ella decía que el cucurucho le recordaba al helado y el helado le hacía pensar en el frío, el frío en la soledad, la soledad en la tristeza, la tristeza en los botes de helado que se comen las mujeres cuando están tristes, y el helado en los cucuruchos, con lo cual todo acababa convirtiéndose en un círculo vicioso y todo lo vicioso es feo y como lo feo es lo contrario de lo bonito, era imposible que la palabra cucurucho fuese la más bonita del mundo. Tras escuchar semejante perorata, decidí 2 cosas: 1) desechar la palabra "cucurucho" y 2) no volver a pedirle opinión a mi novia NUNCA. La segunda de las decisiones era, claro, la más importante.

Otra opción que barajé fueron las palabras cursis, las que se refieren a sentimientos, vaya. Así, probé con "amor", "amistad", "sexo", "orgasmo". Pero tampoco funcionó, porque todas estas palabras eran tan bonitas que era imposible decantarse por una sola: ¿qué es más bonito, el sexo o el orgasmo? El sexo sin orgasmo no es bonito sino puro ejercicio físico. Por su parte, el orgasmo sin sexo, en el fondo, es una paja y la palabra "paja" tiene varias acepciones, no todas ellas igual de bonitas, algo que la descartaba como opción.

Ahora estoy buscando entre palabras de otros idiomas. Desde este punto de vista, podríamos decir que soy políglota. Ser políglota me gusta porque es fácil. De hecho, para ser políglota basta con decir que lo eres. Para empezar, mucha gente desconoce lo que significa ser políglota. Por otra parte, ¿cuál es la diferencia entre "ser" políglota y "estar" políglota? Seguramente un inglés nunca lo entendería. Yo mismo, que estoy políglota, no sabría explicar la diferencia y sin embargo aquí me tenéis: políglota perdido.

Aunque los políglotas, por definición, no hablamos el esquimal, yo sí que lo hablo. Llamadme bicho raro si queréis, pero el caso es que lo hablo. Pues bien, en esquimal hay palabras preciosas. Palabras que, nada más oírlas, uno pensaría: "Ésta debe de ser la palabra más bonita del mundo". Y, en efecto, lo serían si no fuese porque, a continuación, escuchas otra palabra igual o más bonita, si cabe, que la anterior. Yo no sé pronunciarlas porque son demasiado bonitas y mi voz, que es grave y profunda, como la de Constantino Romero (cuando hace de Clint Eastwood, no cuando hace de Darth Vader), no es adecuada para pronunciarlas. Por esta misma razón, yo no podría nunca sobrevivir en Esquimalandia: porque, al no poder pronunciar ni una sola palabra, no podría comunicarme con nadie y me moriría de soledad.

Últimamente me estoy centrando en el lenguaje de los signos. A ver si hay más suerte...

He dicho!

De la edad, el tiempo y otras chorradas

Es increíble lo bien pensadas que están las cosas en el planeta Tierra. De verdad. O es todo coincidencia o es que está todo muy bien pensado.

Por ejemplo, la edad y el tiempo. Si os fijáis, en la Tierra la edad y el tiempo van perfectamente coordinados: ¿cuánto tarda un terrícola en cumplir un año? ¡Exactamente un año! Claro, a vosotros que sois terrícolas y estáis acostumbrados, os parece lo normal. Pero a mí no.

Yo es que vengo de una galaxia muy distinta. Estamos muy cerca de la Tierra, es cierto. A tiro de piedra. Bueno, a tiro de meteorito, que es así como creo que llamáis a las piedras que suelo tiraros cuando me aburro. Pero, aparte de estar cerca, mi galaxia y la vuestra no tienen nada que ver.

Mi galaxia se llama "Desbarajuste 5.14" y es muy antigua. No antigua porque sea muy vieja o exista hace mucho tiempo, sino antigua en su aspecto, en sus formas, en sus costumbres. En mi galaxia, para que os hagáis una idea, la gente no tiene Internet, las televisiones no se pelean por dar el fútbol gratis o en pay-per-view, las telenovelas de moda son Dinastía y Santa Bárbara y el Madrid aún no ha ganado la Séptima Copa de Europa... aunque probablemente la gane este año porque al parecer ese tal Benito Floro que se han traído es un fenómeno, el tío.

Bueno, me estoy yendo por las ramas, pero la cuestión es que lo que quería explicaros, amigos terrícolas, es que en Desbarajuste 5.14, la edad y el tiempo no tienen nada que ver. Cada uno va a su bola. Así, hay desbarajustianos que envejecen más rápido que otros con independencia del tiempo que pase. Como os imaginaréis, siendo así las cosas, la fecha de nacimiento carece de importancia alguna, a pesar de lo cual es obligatorio ponerla en el carné de identidad lo cual es muy molesto, sobre todo porque el carné te lo esculpen en la frente con mazo y cincel (ya os dije que mi galaxia era muy antigua).

Una cosa curiosa es que, generalmente, los gordos envejecen más lentamente y son más jóvenes y lozanos que los no gordos. No sé si tiene algo que ver o si se puede sacar alguna conclusión de ello, pero el caso es que es así.

Una vez hubo una persona que envejeció un año justo cuando había transcurrido un año. Como imaginaréis, organizamos una fiesta de primera para celebrarlo. Incluso hay una leyenda, profecía o como queráis llamarlo, que habla de un Mesías que podrá ser reconocido porque hasta los 12 años envejecerá al mismo ritmo que transcurre el tiempo, por lo que su edad coincidirá con el tiempo transcurrido desde su concepción. A los 12 años, el supuesto Mesías envejecerá 800 años en sólo dos nanosegundos con lo que su vida y milagros, muerte y resurrección pasarán inadvertidas y desaparecerá sin dejar huella en la historia de Desbarajuste 5.14. Vaya mierda de Mesías, pensaréis. Pues sí.

Como edad y tiempo son variables inconexas, en Desbarajuste 5.14 la línea que separa la concepción del nacimiento es fina y borrosa. En realidad, los desbarajustianos, al igual que los terrícolas, requerimos de un período de gestación (que, en nuestro caso, trascurre en el interior del vientre del abuelo) cercano a un año antes de poder nacer al mundo con garantías de supervivencia. Pero es muy común que el feto desbarajustiano envejezca un año en cuestión de segundos, en cuyo caso coito, concepción y alumbramiento son simultáneos, dando lugar a situaciones embarazosas, violentas e incluso traumáticas. Otras veces el feto envejece todavía más con lo cual lo que le sale de dentro del vientre del abuelo es un desbarajustiano que podría ser su abuelo.

Estos envejecimientos repentinos tienen su gracia. Por ejemplo, si ves las Olimpiadas de Desbarajuste 5.14 son de traca. Es muy habitual que durante el transcurso de una prueba, uno de los atletas envejezca de repente varios años viéndose afectado su rendimiento para mal (porque le sobrevenga la vejez) o para bien (porque alcance su madurez y plenitud física). Precisamente por esta razón, hay padres que ponen a sus hijos pequeños a competir con adultos, en la esperanza de que crezcan lo suficientemente rápido durante la prueba como para alcanzar la victoria. Y para eso les entrenan desde pequeñitos para aprender a crecer muy, muy rápido.

También hay gente a la que le ocurre lo contrario: que rejuvenece de repente, como por arte de birlibirloque. A este tipo de personas les consideramos enfermos y les tratamos como tales, encerrándolos a todos juntos bajo llave. Desde el máximo respeto y cariño, eso sí. Pensaréis que somos crueles por ello, pero de verdad que no tienen tratamiento: lo que indefectiblemente les acaba ocurriendo a todos es que rejuvenecen tanto que acaban pasando otra vez a su forma fetal original para, finalmente, convertirse en espermatozoides. El proceso es muy impresionante de ver, pero al final lo que te encuentras es un charco de semen mondo y lirondo, como si alguien se hubiese estado masturbando o algo. En fin, todo muy desagradable como veis.

En total: que mi galaxia es un tostón y que yo quiero venirme a vivir a la Tierra, que se está mucho más a gusto...

He dicho!

El Origen de un Nombre

Ser gordo no es tan malo. Lo único es que normalmente gustas menos a las tías y, si tienes mucha tripa, no llegas a verte los pies y/o la pilila. Pero, por lo demás, todo es normal.

Yo una vez fui gordo. Pero gorrrrrrrdo, gorrrrrrdo. Gordo de apretar, vamos. En esa época me di cuenta de que una de las cosas más curiosas que te pasa cuando eres gordo es que el tiempo pasa mucho más despacio. De hecho, estoy en disposición de afirmar, sin miedo a equivocarme, que Einstein inventó su Teoría de la Relatividad precisamente porque era gordo. Y es que es bien sabido que la gordura agudiza el ingenio, azuza la inspiración y acaba con las injusticias. Sin embargo, Einstein excluyó la variable "gordura" de su famosa teoría por pura timidez, para ocultar el hecho de que él mismo era un gordo de flipar. Eso lo odio. Odio a los gordos que se avergüenzan de ser gordos y que odian todo lo que sea gordo.

La Teoría de la Relatividad es cosa curiosa. Viene a decir que todo es relativo. Y digo yo: Sr. Einstein, ¡para este viaje no hacían falta alforjas! Habría bastado con irse al refranero español. Que para eso está, alma de cántaro. Y si no ¿qué significa lo de que "lo mismo da, que da lo mismo", o lo de que "igual da ocho que ochenta" o lo de que "tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando" (este último a mí personalmente me gusta muchísimo)? Pues precisamente eso: que todo es relativo, que lo mismo da una cosa que otra, que todo vale.

Y es que el refranero español es taaaaaaaan rico y taaaaaaan amplio que si te pones a decir refranes, es que no paras. Creo que España, junto con los mesopotamios, es la única civilización que cuenta con un refranero. Un refranero completo, quiero decir. Tener un refranero propio es cosa buena. Eso lo saben aquí y en Sebastopol. Sebastopol está en Ucrania. Y está en Ucrania porque lo dice Wikipedia. Y a callar todo el mundo. Wikipedia es un arma ponderosa, como veis. Menos mal que está en buenas manos, que si no íbamos daos.

Y hablando de Wikipedia, el nombre no deja de ser curioso. Nadie sabe exactamente de donde le viene el nombre. Es una incógnita. Ni siquiera el propio Wikipedia lo sabe. Y si no, probad a poner "Wikipedia" en Wikipedia y veréis lo que os sale: una parrafada tremenda que te da tanta pereza que al final no te la lees y no te enteras de dónde viene el nombre. En total: que nadie sabe de dónde viene el nombre "Wikipedia".

Bonita paradoja, ¿qué no? Pues hala, refexionad sobre ello.

He dicho!

Bucle

Observo a la gente. Todos los días. Desde por la mañana. Desde que me levanto. Es lo primero que hago. Me levanto y voy a la ventana. Bueno, en realidad, lo primero que hago es despertarme. Sólo entonces me levanto. Aunque no siempre. Hay veces que, tras despertarme, me quedo un rato remoloneando en la cama. Asobinao. Pero el caso es que al final siempre me acabo levantando y yendo a la ventana. Siempre voy a la ventana. Da igual dónde duerma. En los hoteles y prostíbulos hago igual.

Normalmente la gente se acerca a las ventanas para mirar el cielo, a ver si va a llover o cosas por el estilo. Yo, en cambio, no. Yo miro el suelo. Y luego miro a la gente. Primero al suelo y luego a la gente que pasa. Es así como lo hago. Siempre. Sin excepción. Y lo apunto todo en mi bloc de notas. No sé por qué lo hago. Supongo que porque me gusta. Porque el caso es que me gusta. Me puedo pasar ratos muy largos en la ventana mirando el suelo de la calle (primero) y a la gente que pasa por la calle (después). Sé que eso no es normal. Y me preocupa. Lo de no ser normal, quiero decir. Ni siquiera tengo muy claro qué es lo que considero normal, pero el caso es que sé que yo no lo soy. Soy raro. Sí, probablemente sea esa la palabra que mejor me defina. Unos dirían que soy "diferente", "peculiar" o incluso (los más benévolos) dirían que soy "especial". Pero lo que en realidad soy es raro. Raro por dentro y raro por fuera.

Lo de fuera es fácil de ver porque mi extraordinaria belleza y atractivo físico me delatan. No me avergüenza reconocerlo: ¡soy guapo! ¡Soy muy guapo! De cara. Soy tan guapo que soy raro. Es inútil tratar de ocultarlo. Y mi cuerpo no se queda atrás: alto, delgado, de complexión fuerte, glúteos prietos, piel bronceada y, para rematar, un rabo exageradamente largo. Esto último, claro, es lo que más gusta a las mujeres, que siempre van a lo que van.

En cuanto a lo de dentro, es diferente. Soy intelectualmente superior a todos los que me rodean. Ésa es mi carga. Ése es mi poder. No obstante, esto sí puedo disimularlo. Hasta tal punto que hay mucha gente que piensa que soy tonto. La gente me pregunta cosas y yo, sistemáticamente, respondo con un lacónico "no sé". Y ellos van y se lo creen. Siempre cuela. No falla. ¡Pobres ilusos que no se dan cuenta de que soy extremadamente listo! Que mi listeza me permita vivir como un tonto y que yo opte por hacerlo no me resta ni una pizca de mi inteligencia. Eso es obvio.

El caso es que estas rarezas me han convertido en un ser marginal. Marginal y sin rumbo. Podría decirse, pues, que la sociedad ha podido conmigo. Sin embargo, no es cierto. Me niego a aceptarlo. Me niego a rendirme. Así que yo sigo luchando contra esta sociedad tan inferior a mí. Tengo un plan. Bueno, por ahora es tan solo un esbozo. Pero poco a poco irá cogiendo forma. Para ello, lo primero que tengo que hacer es recopilar información. Mucha información. Sobre la sociedad, claro.

Y eso es lo que hago. Observo a la gente. Todos los días. Desde por la mañana. Desde que me levanto. Es lo primero que hago. Me levanto y voy a la ventana. Bueno, en realidad lo primero que hago es despertarme. Sólo entonces me levanto. Aunque no siempre. Hay veces que, tras despertarme, me quedo un rato remoloneando en la cama. Asobinao. Pero el caso es que al final... ¡Joder, me ha vuelto a pasar! ¡He vuelo a perder el hilo! Así que mejor paro ya...

He dicho!

Caidita de Roma

- Pero ¿me estás hablando en serio?
- Mira, yo no sé si estaba soñando o qué, pero la cuestión es que me estaba cayendo, pero tenía la sensación de ir hacia arriba.
- ¡No digas tonterías, loco! Caerse hacia arriba sería una locura, una insensatez.
- Pero una locura graciosa. Yo siempre he sido de los que piensan que una locura de vez en cuando no hace daño al más pintado. La rima es mía.
- ¡Pamplinas! ¡Una locura te digo! Y eso por no hablar de lo peligroso que sería. Imagínate: los aviones no podrían volar por miedo a que alguien les cayese del suelo.
- Precisamente eso es lo que más me preocupaba: yo quería disfrutar de mi caída, pero me daba miedo que un avión me atropellase.
- Por cierto, ¿qué hiciste para caerte?
- Pues nada en particular, Un tropezón. Simple y tontorrón. Como la vida misma, vamos. La rima también es mía.
- Eres un poeta.
- Es lo que tiene.
- Oye, y cuando te caes hacia arriba ¿cuándo terminas de caer?
- Pues mira, ésa es una de las cosas más curiosas. ¿Te puedes creer que todavía no he terminado de caer?
- ¡No me digas!
- Sí te digo, sí.
- Pues la verdad es que yo te veo como siempre.
- Eso es porque ahora estoy tomándome un descanso. Es que no te imaginas lo cansino que es lo de caer hacia arriba.
- Ya me imagino, ya
- Y lo peor de todo es que te quita muchísimo tiempo. Con decirte que durante los primeros 6 meses apenas vi a mis hijos.
- Ah, ¿pero tú tienes hijos?
- No. Pero lo mismo da. Para el caso es como si los tuviera. ¡Total, para lo que los iba a ver!
- También es verdad.
- Total, que ya harto de dedicarme únicamente a caer y caer, decidí tomarme algún descanso. Primero eran descansos cortos. De 5 minutitos o así. Pero luego, cuando vi que tampoco pasaba nada y que nadie me decía nada, me los fui tomando más largos.
- ¿Y qué haces durante los descansos?
- Pues, sobre todo, aprovecho para desayunar. Muchas veces. Es que me he hecho amigo de unos funcionarios y quedo con ellos a desayunar a las 10, a las 11 y a las 12. A partir de las 12 ya nos pasamos al aperitivo, que eso nos gusta muchísimo. Y por la tarde, después de comer, siempre nos apretamos una buena merienda bien abundante que es casi como una merienda-cena. Y así todos los días. Bueno, todos los días no. Los fines de semana no puedo quedar con ellos porque el representante sindical se lo tiene prohibidísimo. Dice que si quedan a desayunar o a tomar el aperitivo durante el fin de semana, eso sería como hacer horas extras, y las horas extras son un símbolo inaceptable de la explotación del capital sobre el proletariado.
- Joder con el representante sindical.
- Ya te digo. Y lo peor es que luego dice que a él a facha no le gana nadie.
- Allá él.
- Eso digo yo.
- Pues, ahora que te miro, te diré que te veo más gordo que antes.
- Es lo que tiene el caer tanto. ¡Pues no te acabo de decir que desayuno unas 4 veces al día y, a partir de ahí, el resto del día lo dedico básicamente a comer y comer como si fuese un vulgar funcionario! Y ya va para 5 años que llevo así, con este ritmo.
- Claro, así es imposible no engordar.
- Y tú qué lo digas. Y lo peor de todo es que, como entre tanto caer y tanto descanso no tengo tiempo de comprarme ropa nueva, pues resulta que todos los calzoncillos me aprietan y me dejan la marca de la gomita en la cintura que queda muy antiestético. Y yo soy un vanidoso. Así que ahora estoy pensando en dedicarle un poco más de tiempo a lo del caer, que lo tengo un poco abandonado, a ver si así adelgazo.
- A ver si hay suerte y lo logras, porque la verdad que estás gorrrrrrrdo como un tonelete.
- Y tú eres más simpático que una patada en los cojones.
- No te piques, gordo.
- Bueno, paso de ti. Me piro que he quedado para redesayunar.
- Vale. Y ten cuidado, no te vayas a caer, que cuando empiezas no paras.
- Muy gracioso.
- Lo sé.

Tal día como hoy, hace 28 años, El Antípodo nació...

Así es, amigos: hoy es mi cumpleaños. Hace ya 28 años que nació El Antípodo.

Muchos se han acordado. O pocos. Según se mire. Yo prefiero ser optimista y pensar simplemente que no todos se han acordado.

El caso es que se nota que me estoy haciendo mayor. Por la forma de escribir sobre todo. Ya no cometo faltas de ortografías y he eliminado la pasiva refleja de todos mis textos. Eso es clave.

Como es normal a los 28 años, la adolescencia me está invadiendo: de súbito, mi cutis ha sido cubierto de granos y mi pubis se ha llenado de pelos. Pelos rizados y negros como el tizón. Eso me escama porque yo siempre he tenido el pelo lacio y rubio. Además, por primera vez, he amanecido erecto. Un síntoma claro de hombría que me llena de orgullo. Aunque he de reconocer que me he sentido un poco avergonzado cuando, al ir a desayunar con mis padres, he tirado la taza del Nesquick con la punta del pijo. Lo he puesto todo perdido y lo he tenido que limpiar, así que he llegado tarde al trabajo.

Al regresar a casa después del trabajo, mi madre me ha sentado en el sofá con gesto serio, grave. Me ha dicho que, llegado a esta edad, era imprescindible que mantuviésemos nuestra primera charla hombre a hombre. Yo, inquieto, le he preguntado que quién era el hombre con el que debía tener esa importante charla. Mi madre me ha contestado que ella misma y que el hecho de ser una mujer no debía impedir que pudiese tener conmigo una charla de hombre a hombre porque eso sería de un machismo recalcitrante que en España ha quedado obsoleto tiempo ha.

Comienza, pues, nuestra charla. Mi madre comienza advirtiéndome que, a partir de ahora, notaré que mi cuerpo empieza a experimentar cambios pero que no me preocupe, que es normal. Eso me tranquiliza. Luego me explica todo el rollo de la regla, los tampones, las compresas con alas y sin alas (se declara una firme partidaria de las primeras) y demás. Yo la miro estupefacto, pero no digo nada y lo dejo estar limitándome a asentir discretamente con la cabeza. También me dice que tanto ella como mi padre se han dado cuenta de mi erección matutina y, de nuevo, me tranquilaza diciéndome que es normal amanecer todo berrrrlaco. Aprovecha igualmente para confesarme lo orgullosos que ambos se sintieron al observar el inapelable y desproporcionado tamaño del pito de su hijo pequeño, del benjamín. Yo me sonrojo, pero sonrío, cómplice, porque sé que es verdad.

La charla termina sin mayores incidencias. Cuando terminamos, extiendo mi mano derecha hacia mi madre en un claro gesto para exigir que me entregue la paga semanal, debidamente incrementada con la suma correspondiente a mi cumpleaños. Mi madre se hace la loca y me remite a mi padre. Mi padre me da la pasta. €50 en total ¡Lo suficiente para ponerme hasta el ojete a comer gominolas! ¡Esto sí que es un cumpleaños feliz!

¡FELICIDADES ANTÍPODO!

¡MUCHAS GRACIAS, HOMBRE!

He dicho!