Hay que saludase!

jueves, octubre 04, 2007

Bucle

Observo a la gente. Todos los días. Desde por la mañana. Desde que me levanto. Es lo primero que hago. Me levanto y voy a la ventana. Bueno, en realidad, lo primero que hago es despertarme. Sólo entonces me levanto. Aunque no siempre. Hay veces que, tras despertarme, me quedo un rato remoloneando en la cama. Asobinao. Pero el caso es que al final siempre me acabo levantando y yendo a la ventana. Siempre voy a la ventana. Da igual dónde duerma. En los hoteles y prostíbulos hago igual.

Normalmente la gente se acerca a las ventanas para mirar el cielo, a ver si va a llover o cosas por el estilo. Yo, en cambio, no. Yo miro el suelo. Y luego miro a la gente. Primero al suelo y luego a la gente que pasa. Es así como lo hago. Siempre. Sin excepción. Y lo apunto todo en mi bloc de notas. No sé por qué lo hago. Supongo que porque me gusta. Porque el caso es que me gusta. Me puedo pasar ratos muy largos en la ventana mirando el suelo de la calle (primero) y a la gente que pasa por la calle (después). Sé que eso no es normal. Y me preocupa. Lo de no ser normal, quiero decir. Ni siquiera tengo muy claro qué es lo que considero normal, pero el caso es que sé que yo no lo soy. Soy raro. Sí, probablemente sea esa la palabra que mejor me defina. Unos dirían que soy "diferente", "peculiar" o incluso (los más benévolos) dirían que soy "especial". Pero lo que en realidad soy es raro. Raro por dentro y raro por fuera.

Lo de fuera es fácil de ver porque mi extraordinaria belleza y atractivo físico me delatan. No me avergüenza reconocerlo: ¡soy guapo! ¡Soy muy guapo! De cara. Soy tan guapo que soy raro. Es inútil tratar de ocultarlo. Y mi cuerpo no se queda atrás: alto, delgado, de complexión fuerte, glúteos prietos, piel bronceada y, para rematar, un rabo exageradamente largo. Esto último, claro, es lo que más gusta a las mujeres, que siempre van a lo que van.

En cuanto a lo de dentro, es diferente. Soy intelectualmente superior a todos los que me rodean. Ésa es mi carga. Ése es mi poder. No obstante, esto sí puedo disimularlo. Hasta tal punto que hay mucha gente que piensa que soy tonto. La gente me pregunta cosas y yo, sistemáticamente, respondo con un lacónico "no sé". Y ellos van y se lo creen. Siempre cuela. No falla. ¡Pobres ilusos que no se dan cuenta de que soy extremadamente listo! Que mi listeza me permita vivir como un tonto y que yo opte por hacerlo no me resta ni una pizca de mi inteligencia. Eso es obvio.

El caso es que estas rarezas me han convertido en un ser marginal. Marginal y sin rumbo. Podría decirse, pues, que la sociedad ha podido conmigo. Sin embargo, no es cierto. Me niego a aceptarlo. Me niego a rendirme. Así que yo sigo luchando contra esta sociedad tan inferior a mí. Tengo un plan. Bueno, por ahora es tan solo un esbozo. Pero poco a poco irá cogiendo forma. Para ello, lo primero que tengo que hacer es recopilar información. Mucha información. Sobre la sociedad, claro.

Y eso es lo que hago. Observo a la gente. Todos los días. Desde por la mañana. Desde que me levanto. Es lo primero que hago. Me levanto y voy a la ventana. Bueno, en realidad lo primero que hago es despertarme. Sólo entonces me levanto. Aunque no siempre. Hay veces que, tras despertarme, me quedo un rato remoloneando en la cama. Asobinao. Pero el caso es que al final... ¡Joder, me ha vuelto a pasar! ¡He vuelo a perder el hilo! Así que mejor paro ya...

He dicho!